Black Mirror es una serie antológica británica que, cada episodio, presenta una historia independiente. Cada capítulo se centra en una trama singular, pero todos comparten el hilo conductor de la crítica social sobre la tecnología. Desde la era de la inteligencia artificial hasta las redes sociales, la serie explora cómo nuestras decisiones pueden desencadenar consecuencias inesperadas. Así, cada episodio funciona como un espejo distorsionado del futuro que podría llegar a ser.
La producción de un episodio combina guion, dirección y producción visual. La narrativa suele emplear dispositivos como el flashback, la realidad aumentada y la narración en tercera persona para revelar la trama. Los personajes son arquetipos que representan la interacción entre humanidad y tecnología. El tono oscila entre thriller y drama, y la conclusión frecuentemente deja al espectador cuestionando la línea entre progreso y riesgo.